Las Lecciones de la Elecciones

Manuel Cárdenas Fonseca
Senador

Las recientes elecciones en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, han dejado nuevamente en evidencia las insuficiencias, las ineficiencias, las incapacidades y las limitaciones del sistema electoral mexicano. A pesar de reformas y reformas aprobadas durante las últimas décadas, y sin dejar de reconocer algunos avances, los problemas parecen ser los mismos de hace más de 20 años: uso excesivo de recursos, ineficiente fiscalización, prácticas de acarreo y compra de votos, utilización de programas sociales, pero sobre todo y más que todo, falta de certidumbre en los resultados y desconfianza en las instituciones electorales. Y esto no es gratuito, los hechos nos dan la razón a los ciudadanos.

Más allá de ganadores y perdedores -que más que representar las aspiraciones de la sociedad y voluntad ciudadana expresada en las urnas, parecen representar sus propios intereses y ambiciones- lo que subyace en estas elecciones es que no hemos sido capaces de construir un sistema electoral confiable, transparente y eficaz. Un sistema electoral que garantice a los ciudadanos que su voto será libre y no sujeto al aprovechamiento de sus necesidades más vitales por parte de los contendientes; que su voto será plenamente respetado, y que los recursos, cada vez más escasos que tiene el país, se destinen a obras y acciones de beneficio social y no a procesos electorales, en donde el menos beneficiado es el ciudadano.

Hoy el sistema electoral mexicano está nuevamente en entredicho a la luz de tanto gasto de campañas, tantas “broncas” postelectorales y la inseguridad generada por sistemas como el conteo rápido y el Programa de Resultados Preliminares que no han respondido a la promesa de dar certeza, sino por el contrario dan paso a la desconfianza. Hoy nos parece vivir un deja vu a aquellos que nos tocó presenciar la caída del sistema en 1988 y el que no se diera a conocer el conteo rápido de la autoridad electoral en las elecciones presidenciales de 2006. En 20 años, el desarrollo tecnológico y su incorporación en los organismos electorales no se han expresado en mayor eficacia.

Por eso resulta inconcebible que aún no sepamos quien ganó la gubernatura en Coahuila; que más del 28 por ciento de las actas no hayan sido computadas en el PREP local y que en el conteo rápido que presentó la autoridad sólo se haya registrado el 54 por ciento de las casillas seleccionadas. Estadísticamente, ninguno de estos dos ejercicios pueden establecer tendencias definitivas y sólo generan desconfianza. Es increíble que un estado con una lista nominal de poco más de dos millones de ciudadanos y con una votación esperada de menos del 50 por ciento, aún no se conozcan resultados.

Mientras en otros países los resultados electorales se conocen después de pocas horas de cerradas las casillas (independientemente de lo cerrado de los resultados), en México tenemos que esperar días y hasta meses para conocer a los candidatos triunfadores, esto sólo abona a la desconfianza de los ciudadanos en sus gobernantes y en sus instituciones electorales. Eso sí no bien han cerrado las casillas, ya están todos los candidatos declarándose triunfadores, sin contar con elementos de prueba que los apoyen, pero apelando a que “quien pega primero pega dos veces”. Flaco favor le hacen a la democracia mexicana.

A ello hay que sumarle a que no hay claridad sobre la responsabilidad que tienen en las elecciones locales los Organismos Públicos Locales (OPLES) y el propio Instituto Nacional Electoral (INE). Mientras los primeros son los encargados de organizar las elecciones, de contar los votos y en muchos de los casos operar el PREP; el INE es el que nombra y puede sustituir a sus integrantes, centraliza la fiscalización de gastos y es el encargado de la capacitación. Los OPLES se han convertido en varias ocasiones en “chivos expiatorios”, cuando la responsabilidad electoral es compartida. Yo me opuse a que se le quitara a las entidades federativas el derecho de contar y organizar a sus propios organismos electorales locales, no sólo porque implica una vulneración a la soberanía de los estados y al pacto federal, sino porque el problema no está en quien nombra a sus integrantes, sino en cómo operan y cuáles son los mecanismos de control que garantizan que cumplan con sus obligaciones legales.

Lo que también resulta inconcebible es la cantidad de recursos oficiales que se han destinado a estas campañas (más los no oficiales o no reportados). Tan sólo en el Estado de México, los topes de gastos de campaña para la elección de gobernador rebasaron los 285 millones de pesos una cantidad equivalente al 85% de lo que se autorizó para la elección presidencial de 2012 y cuando hablamos de 11 millones de electores de los cuales votaron poco más del 51%. Esto es consecuencia de que tenemos una fórmula para otorgar recursos públicos a los partidos políticos que parte de una base variable y que he dicho muchas veces que ya es insostenible. Por eso presenté una iniciativa de reformas en la materia para establecer que las ministraciones a los partidos políticos partan de una base fija con incrementos porcentuales marginales anuales, que evite el crecimiento exponencial de los recursos que se otorgan a los partidos políticos y a los candidatos.

Estas elecciones locales previas a la elección presidencial del próximo año, nos dejan grandes lecciones y mucho para reflexionar. Nuestro sistema electoral continúa cobijando el uso excesivo de recursos, prácticas que violentan el sentido del voto, la opacidad y la ineficacia, y todo ello se refleja en desconfianza e incertidumbre. Esto ya no puede continuar y no se trata solamente de impulsar reformas constitucionales y legales que pongan freno definitivo a esta realidad, sino sobre todo de que se cumplan con las leyes y se actúe con responsabilidad.

Lo que si debo reconocer es la responsabilidad con la que han actuado los ciudadanos de estas 4 entidades, que permitieron tener elecciones pacíficas y ordenadas, aún ante un ambiente de incertidumbre. Ellos han dado ejemplo a los partidos políticos, a los candidatos y las instituciones electorales, de mayor madurez y mayor compromiso con México.

Son muchas lecciones que nos dejan estas elecciones y confió en que no las olvidemos como lo hemos hecho con muchas otras lecciones del pasado reciente y que actuemos para dar las soluciones que requiere nuestro sistema electoral, porque será por el bien de nuestra democracia y por el bien de México.

¡Muchas gracias y sean felices!

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@m_cardenasf

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