POLÍTICOS Y VIDA SENTIMENTAL

Dr. David Uriarte
Neuropolítica

Los políticos son humanos como el albañil, el reportero, el arquitecto, el intelectual, el rico, el presidiario, el pobre, la cantante, actriz, es decir, los linajes, títulos o condiciones de vida van unidos a la persona, y al final del día quien sufre o disfruta no es el título, ni la cuenta bancaria, ni la deuda, ni el acta de nacimiento o de matrimonio, ni las escrituras de la casa, el acta constitutiva del negocio o el nombramiento de servidor público o la constancia de haber ganado una elección pública, el que sufre o disfruta es la persona. Las actividades propias del humano representan la forma de realizarse o de encontrarse con su vocación o eventualmente una forma de sobrevivir en el mar de necesidades existenciales. Los políticos tienen una vida sentimental más expuesta en tanto su rol es público y sus actividades casi siempre incluyen la socialización constante con personas, necesidades e intereses. Ser la pareja sentimental de un hombre o mujer cuya actividad principal es la política, representa por sí misma una prueba a la confianza y al vínculo afectivo. La distancia, la soledad, la multitud, los halagos, las oportunidades, los instintos, y el poder, son variables que retan todos los días a la confianza y a la vida sentimental de los políticos. Cuatro riesgos enfrenta la vida sentimental de los humanos, en este caso, léase políticos: el enamoramiento, el amor, el deseo y el apego. Hay quienes se van a enamorar, otros van encontrar el amor de su vida, algunos solo van a disfrutar el placer del deseo carnal y otros más van a fortalecer el apego invirtiendo tiempo e intimidad en una relación cuyo grado de amenaza depende de la percepción de su pareja. La evidencia estadística revela dos cosas; los políticos tienen como cualquier persona una vida sentimental, de pareja y de familia, por otra parte, se enfrentan a los fantasmas propios de una vida pública que implica la sobreexposición social con resultados inciertos. La vida sentimental de cualquier persona, incluidos los políticos, puede terminar raída o lesionada por el aguijón del instinto sexual o el veneno del vínculo afectivo conocido como amor. Un antídoto es la salud mental de su pareja o familia: sin ser garantía.

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