República ¿Federada o Centralista?

Con motivo de los acontecimientos de invasión de facultades desde el gobierno federal hacia los gobiernos sub nacionales (entidades federativas y municipios) que datan de varios sexenios y la actitud pasiva de los gobernadores y alcaldes ante esas intromisiones, muchas veces promovidas y otras tantas que fueron solicitadas, vale la pena resolver qué república queremos ser y sí, se vuelve necesario replantear el llamado pacto federal. Hoy somos un galimatías, un híbrido, una mescolanza que no da pie con bola pues ni somos realmente federada como tampoco centralista.

Ya vemos a la población y a la “comentocracia” exigir al Presidente que resuelva temas competenciales de otros órdenes de gobierno (estatal o municipal) o en sentido inverso, exigiendo a alcaldes que resuelvan temas competencia del gobernador o el presidente. Lo cierto es que son muy pocos los que conocen cuales son las competencias y la parte espacial o temporal de cada autoridad, y no se diga entre poderes, pues le piden al Ejecutivo que se entrometa en temas de órganos constitucionalmente autónomos como las fiscalías u órganos reguladores.

Así también en el tema de la renta nacional y su reparto entre los tres órdenes de gobierno que, como tales, son pares, son órdenes de gobierno con competencias diferentes que se acompañan entre si y que en muchas ocasiones son engrazadas vía convenios de coordinación que eso y nada es lo mismo ya que no son claros en tanto el gasto que corresponda a cada quien (seguridad pública, penales, inversión productica) y la competencia misma faltando a todo tipo de protocolos para, en su momento, poder deslindar responsabilidades.

Hay duplicidad de gasto en materia de programas asistenciales y sin un padrón confiable (adultos mayores), hay programas federales que los hacen estatales sin normatividad homogénea y que se prestan a todo tipo de transas (seguro popular); no hay respeto a las competencias electorales y el caso más destacado son los llamados OPLES que tienen facultades locales vinculantes pero sus integrantes los define otro orden de gobierno. Y así, la lista es larga.

En sus obligaciones/competencias tenemos que los ayuntamientos tienen como principal ingreso el impuesto predial pero el orden estatal de gobierno los “hace” firmar acuerdos para ser éste último el que disponga de sus exenciones dejando al municipio la ausencia de ingreso pero la obligación de los servicios y así no se puede, ya no digamos los mecanismos para acceder a deuda cuando así se requiera y la forma en que la misma se ha manipulado por los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal).

En este enredo que se ha venido gestando con el correr de los años se destaca que nos hace falta mayor civismo e involucramiento para saber qué queremos de cada autoridad y que le podemos exigir a cada quien y, como dicen luego aunque no siempre así sucede (con dinero baila el perro), el ‘rayo divino” cae en forma descendiente: del Presidente al Gobernador y de éste al Alcalde, pues la bolsa de recursos que maneja cada uno es salvajemente diferente y la discrecionalidad ni se diga.

Sin embargo, cada día se suceden hechos y conductas que en el zangoloteo cotidiano nos dan esperanza de que pronto podremos tener más claridad ya que se han creado organismos desde la sociedad que generan contrapesos, la población empieza a ser actuante aunque no siempre (aún falta buen tino) eficaz, pero la arquitectura legal no permite tener realmente legisladores que con claridad de ideas hagan valer su razón de ser.

Aun traemos mucho polvo de tiempo y costumbres pasadas, de caudillos y de personajes como el “varguitas” que nos muestra la película “La Ley de Herodes” y, eso, debemos agotarlo, combatirlo y re construir sobre el daño que nos hemos generado, pero nos perdemos buscando culpables que en el tiempo y el espacio son tantos que terminamos siendo todos, sea por acción o por omisión, intencionalmente o por desconocimiento.

Esa idea de empatar todas las elecciones, de cualquier orden de gobierno nos cobrará la factura, y sólo porque los gobiernos sub nacionales no supieron asumir su responsabilidad estamos en este vericueto, cuando que las razones y la lógica de elección es absolutamente diferente entre la federal y las estatales/municipales.

Se ha legislado tanto y de manera tan abrupta que, salvo contados temas, por lo demás ha sido enredar todo aún más para que todo siga igual.

Sin embargo, hay tanto dinero y es tanta la renta de nuestro país que ya no podemos decidir por nosotros mismos sin que estén involucrados intereses allende nuestras fronteras: industria aeroespacial, automotriz, servicios bancarios y financieros, minería, ubicación geográfica, energías, agua, propiedad intelectual, etcétera, sin embargo, soy un convencido que, en tanto multifactorial y complejo el dilema a resolver, bien podemos definir qué sí para fortalecerlo y lo que no, hacer un compendio de temas para ser atendidos priorizando los mismos. Para lo anterior se requiere de voluntad, estudio, comunicación asertiva con los gobernados y de éstos hacia las autoridades.

Espero ya pronto tener noticias de que se interesan en replantear qué tipo de República queremos ser, si federada que no lo somos a cabalidad o centralista que tampoco es.

Este dilema actual me trae a la mente lo comentado por Francisco Villa (de quien discrepo en muchas cosas pero no en ésta): “Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará República con gente ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte” ¡Ah! No veo, en el corto plazo, en la “reforma educativa”, un aliciente para contradecir a Villa.

Bienvenida la participación cada vez más activa de personas libres y que impere la fortaleza de los argumentos y el debate de las ideas, siempre, bajo el imperio de la ley y la civilidad para dar cauce a los cambios en forma pacífica y sin alterar la paz, la sana convivencia y el progreso.

¡Muchas gracias y sean felices!

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manuelcardenasfonseca.mx

@m_cardenasf

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