MEMORIAS DE MUNDITO

BRECHANDO

17-06-2025

Antonio Quevedo Susunaga

En mis manos tengo un libro “Las Memorias de Mundito”, es la obra que resumen la vida de un gran médico pediatra de Sinaloa, el doctor Raymundo Sandoval Guerrero, en donde plasmó sus carencias en la niñez, su terquedad para salir adelante, sus sueños que los expone por el largo camino de la medicina y el papel clave que jugó su madre Natalia en su formación.

Es una obra escrita a renglón seguido, cuya lectura me atrapó por las grandes dificultades que tuvo que enfrentar la familia Sandoval Guerrero, para superar los retos y obstáculos, a la que seguramente muchos mexicanos sinaloenses se siguen enfrentando.

En Las Memorias de Mundito”, realmente Mundito es porque es el hijo de Raymundo, su padre, un hombre que seguramente reflejaba el sentir cultural de varias generaciones de mexicanos, en un antecedente histórico, en donde el padre veía a sus hijos como simples colaboradores en la supervivencia, esta visión se encuentra en las sociedades con estructuras familiares tradicionales y contextuales rurales.

A estas formas de vida, hay que agregar que seguramente el padre de Raymundo, arrastraba el machismo, como actitud cultural, que tiene profundas y complejas raíces, asociadas principalmente con el patriarcado, un sistema social donde los hombres tienen el poder y la autoridad sobre las mujeres. Esto está reflejado en la obra de Raymundo.

En estas familias rurales el trabajo recae en roles muy definidos, y donde la fuerza laboral de los hijos, especialmente los varones, era crucial para la economía familiar. Esto que describe con tanta profundidad el doctor Raymundo Sandoval Guerrero, hace que este libro nos atrape y nos vuelva hacer vivir nuestras penurias en la niñez a muchos mexicanos.

En esta travesía en la niñez de Raymundo, como su gran esfuerzo de caminar por la brecha hacía la vida profesional, que describe en su libro, que lo llevó empujado por su madre Natalia, para que saliera del entorno rural agobiante que lo tenía acorralado, que lo empujó a romper esas poderosas barreras que atrapan en su entorno y en sus necesidades, los consejos de su madre lo orientaron a buscar la salida de estudiar primaria, secundaria y preparatoria, a pesar de las resistencias que seguramente su padre justifica con razones y fuerza impositiva y seguramente hasta con terquedad.

Entre las coincidencias que tenemos Raymundo y un servidor es que ambos nacimos en año de 1952, que hace 50 años que llegué a Sinaloa, tuve el gusto de conocer a grandes amigos que son: Raymundo Sandoval Guerrero y su esposa la doctora Lupita Lara; así como Armando Sandoval Millán y su esposa Paty, doctores que caminaban por el sendero angosto y sinuoso de la medicina.

En 1977 que llegue a Culiacán proveniente de Veracruz y México, al día siguiente de mi arribo, el director de Noroeste, el licenciado Silvino Silva Lozano, me envió a la comunidad de Agua Verde, un lugar que no tenía idea de cómo era, antes de acudir a dicho lugar llegue al Rosario, Sinaloa, en donde, tuve el gusto de conocer al alcalde de ese municipio, ahora mi amigo Javier Luna Beltrán, quien me atendió con muchas cortesías y me instruyó cómo llegar Agua Verde, un rico campo pesquero cuyos grupos de pescadores tradicionales y ejidales estaban en pugna. Es en Agua Verde donde conocí al doctor Armando Sandoval Millán, que junto con Raymundo dejaron Ixpalino para viajar al IPN a estudiar medicina en la ciudad de México.

En esta obra Raymundo menciona a un gran maestro de Sinaloa, dirigente del magisterio, pero antes un maestro con gran vocación, como lo fue Juan Rodolfo López Monrroy, también muy cerquita de la comunidad de Ixpalino y logramos establecer lazos de amistad.

Y precisamente lo dice Raymundo, Juan Rodolfo López Monrroy, fue la persona que logró convencer a su padre Raymundo para que lo dejará venir a Culiacán a estudiar y encaminar su destino hacía las universidades de la Ciudad de México al IPN, en donde fueron recibidos por el gran sinaloense, el ingeniero Juan de Dios Bátiz, precisamente fundador del IPN, quien les abrió la puerta de esta gran institución académica hecha para estudiantes con escasos recursos económicos.

En esta misma institución tanto Raymundo como Armando se toparon con otro sinaloense, originario de Badiraguato, que tuve la suerte de conocer y que me lo presentó el entonces alcalde de Badiraguato, Octavio Lara Salazar y se trata del doctor Castro Avitia, un verdadero señorón de Sinaloa.

En su vida profesional de Raymundo, lo conozco a un lado de otro gran amigo médico, el doctor Alfredo Lomelí Meillón, que era nuestro médico pediatra, que nos atendía a nuestros hijos de Susy y un servidor y en ese mismo consultorio a veces Raymundo Sandoval, que luego en el ISSSTE se convirtió nuestro amigo y pediatra de familia. Hasta la fecha la familia Sandoval Lara y Quevedo González, gozamos de una hermosa amistad.

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