BRECHANDO
23-05-2023
Antonio Quevedo Susunaga
En 100 años, en el PRI nunca habido democracia, no debe extrañar que el dirigente nacional Alito Moreno Cárdenas, haya decidido “convocar a la elección del nuevo dirigente estatal”, ignorando a los propios miembros y organización interna, empezando por el presidente de Procesos Internos y Externos del partido, el experimentado Jesús Enrique Hernández Chávez, (Chuquiqui).
Al dirigente nacional, Alito Moreno, no le quitará nadie el control del partido, desde una elección como la que se simulará en Sinaloa, como en el decidir los nombres de los candidatos a presidente de la república, senadores y diputados federales en el 2024.
El todo poderoso Alito, se ha fregado en las decisiones de alianza de sus pares, en el caso de Marko Cortés, del PAN en donde el dirigente priista lo ha arrastrado a sus escenarios de conveniencia política.
En esta próxima elección quién quedará de dirigente en Sinaloa, el que Alito Moreno decida, no los priistas de Sinaloa.
El PRI en México ha quedado masacrado, después de la depuración aplicada por Alito, en su decisión de dirigir hasta el 2024 el papel que los priistas desempeñarán en la competencia política electoral por la presidencia de la república contra Morena y los propios panistas.
En el PRI en Sinaloa, como nunca está dividido, debilitado, sin visión, sin estructura, sin interés interno y muriendo de viejo, ignorando y sólo sirve como una etiqueta partidista que a muy pocos interesa.
Alito Moreno, el hombre que simboliza todas las soberbias del poder priista, ni siquiera el viejo dueño del PRI, Carlos Salinas de Gortari, lo puede detener, porque su sobrina que opera estos intentos de recuperar la parte que sirve del PRI, Claudia Ruiz Massieu puede hacerlo, porque Alito la tiene en la banca política como al mismo senador Miguel Ángel Osorio Chong, que hace un triste papel suplicante para que Alito no lo corra del partido.
En este imperio de poder político priista en Sinaloa y en el país, el senador Mario Zamora Gastelum, se alió, como siempre ocurre al ganador, al que manda y le sirve como lacayo al poderoso.
Alito Moreno será la última representación de un partido impositivo, un partido que fungió como el mecate que maneo a miles de mexicanos, que los “aborregó” y finalmente desechó por el despertar que tuvieron con la elección del 2018; sin embargo, algunos de esos “borregos” los pastorea el gobernador Rubén Rocha, dándole las sobras que deja Morena y sin embargo; esos desechos priistas están contentos sirviéndole a otro “amo”, debido a que no tienen la gallardía de representar a los sinaloenses libre.
Y los vimos ahora con las acciones difamatorias contra la Universidad Autónoma de Sinaloa y con la defensa de un gremio agrícola, que siempre le fue fiel, entregado y sostén de su poder político por 100 años, esos legisladores priistas son unos mal agradecidos y traidores.
Los desechos priistas que quedan en Sinaloa, refugiados en el Congreso, comiendo de la mano de un poder que los desprecia, los usa y los exhibe en sus miserias políticas que perduran.
El reino del PRI, terminó, quedan aquellos que vencidos se arrodillaron frente a un gobernador que tampoco significa o simboliza poder, sino gerente de un poder central, que tiene principio y fin.
El priismo en Sinaloa, es como un niño huérfano, que a cada fuerza que identifica le dice “papá”, que olvidó de aquellos “cuentos o mentiras expresadas” ante millones de mexicanos, a través de fuerzas populares que les creyeron y no dudaron en apoyarlos por 100 años.
A los priistas se les acabó la credibilidad, se les acabaron los argumentos para seguir engañando a una población, en el destete, muchos no saben a dónde ir, adonde seguir mamando para terminar su crianza.
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