BRECHANDO
19-02-2026
Antonio Quevedo Susunaga
ODIO Y VENGANZA
En Sinaloa esta en toda su intensidad la expresión del odio y la venganza en esta guerra entre Chapos y Mayos, que se manifiesta con asesinatos, ataques a balazos a las residencias, a los negocios o a las personas, que seguramente le sirven de catarsis a quienes expresan estas agresiones, tanto autores de uno y otro bando.
El odio es un efecto sostenido de aversión, la venganza es la acción concreta para ejecutar ese resentimiento.
Es evidente que estamos viendo que el odio está actuando como si fuera un gran motor emocional que deshumaniza al otro para justificar su ataque. Lo vemos en los gritos que emiten en los videos que salen en las redes al momento de ejecutar o enfrentarse.
La venganza que está viviendo es como si personificará la justicia reparadora, aunque suele perpetuar ciclos de violencia que en Sinaloa se han prolongado más de 18 meses ininterrumpidos.
Y me viene a la cabeza la expresión del filósofo Francis Bacon que definía la venganza como una “justicia salvaje” que sólo logra mantener abiertas las heridas que de otro modo lograría su curación.
El Conde de Montecristo (Dumas) representa la venganza como una planificación fría y casi divina, donde el odio se convierte en la única razón de vivir.
Otro caso que recuerdo es el de Moby Dick ( Melville) en donde el capitán Ahan encarna el odio obsesivo que desdibuja la línea entre el hombre y el monstruo, llevándolo a la autodestrucción.
Es evidente que el odio en estos grupos de la muerte se ha convertido en una prisión física y mental que arruina tanto a la víctima como al verdugo. Esta Guerra entre Chapos y Mayos es traumática.
Los miembros de ambos bandos en guerra, no se han dado cuenta que ambos caminan hacía el mismo fin, “hacia una prisión mental” , que los llevará a “la ruina”, que de alguna manera se está dibujando con los dos grandes líderes del Cártel de Sinaloa, el Chapo y El Mayo, ambos están arruinados en un cuarto de 3 por 4 en las cárceles donde han perdido todo, la familia, el trato con sus seres más queridos, la libertad, hasta el momento sagrado de tomar el sol.
Esta guerra es una especie de locura, todos los días los sicarios la alimentan con más muerte, más destrozos de las “riquezas” del enemigo, sean casas, residencias, ranchos, mansiones, que han perdido todo valor. Todo lo que hicieron no tiene valor, ni siquiera el dinero que puedan tener guardado.
En el repunte de la violencia en Sinaloa, hemos vistos que estos odios y venganzas se han intensificado espantosamente, debido a que los caminos los llevará al mismo final, que están viviendo sus padres en las cárceles, en donde seguramente están siendo consumidos con los recuerdos de traiciones, odios y venganzas.
La realidad nos está diciendo que el brillo de aquellas riquezas se acabaron; sin embargo, sus odios y sed de venganzas les impide percibirlos, pero ellos seguirán huyendo, desconfiando de todos hasta de su propia sombra.
Las familias sinaloenses, mexicanas, deben sentarse a reflexionar con mucha profundidad para que eviten que sus hijos caigan en estos infiernos que no sólo los destruye a ellos, sino a toda la familia, que termina implicada en medio de odios y venganzas.
En las escuelas estas reflexiones deben ser abordadas sin miedo por los maestros, para orientar a muchos estudiantes, menores de edad a que se alerten y no entren en ese “fango de falso brillo”.
La lista de asesinados es infinita, la lista de desaparecidos es increíble, razón por la cual, acuden más en número con el gobernador para ver qué puede hacer, aunque sabemos que no hará nada.
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