FUTURO SINIESTRO

BRECHANDO

18-09-2024

Antonio Quevedo Susunaga

Los hijos del Chapo y del Mayo, deben verse frente al espejo de sus padres, los dos encarcelados en Estados Unidos y el poder que ejercicio el funcionario-narco, Genaro García Luna, que en una carta expresa el infierno que está viviendo en una cárcel del vecino país.

El otro aspecto relevante es la “generosidad” de las fuerzas armadas, que les mandaron un mensaje, a estos nuevos líderes, que se pongan de acuerdo, que terminen con este pleito, que no pongan en riesgo a la población de Culiacán y de Sinaloa o de lo contrario correrán el mismo camino que recorrieron sus padres.

Los escenarios que viven los hijos del Chapo y del Mayo son muy diferentes, los mexicanos están cansados de tanta violencia, con un escandaloso número de asesinados en esa lucha por el control de las plazas y si quieren seguir con ese deplorable negocio, deberían revisar con inteligencia los esquemas con los que operan los narcos gringos o de lo contrario, seguirán sirviendo para justificar las acciones de las autoridades norteamericana, señalando a los narcos mexicanos como los malvados de éste mundo.

Es evidente que a los narcos mexicanos les ha faltado mucha inteligencia, todo lo quieren arreglar a balazos y enfrentados a las autoridades, aun cuando destinan el 90 por ciento del dinero ganado para comprar a las autoridades mexicanas.

El Mayito y el Chapito, debería tener más respeto por la población civil en Sinaloa, que no está de acuerdo con la violencia que despliegan y que los mantiene encerrados en sus casas por el miedo a quedar en el lugar equivocado.

Es evidente que ambos jóvenes líderes de las bandas criminales, de seguir el camino de la violencia, sus probabilidades son las siguientes: en primer lugar que algún enemigo de la banda contraria lo asesinen; que alguien de su propia banda, lo traicione o los asesine; que sean detenidos y enviados a las mismas cárceles en dónde están sus padres o que la sociedad mexicana se cansa de tanta muerte y violencia, presionen a las fuerzas armadas de México para que los detengan a como dé lugar, vivos o muertos.

La señal que están enviado en este pleito de esa “familia de narcos” no tiene una explicación racional, ni siquiera entre ellos, han tenido la capacidad para tener una información fidedigna de lo que ocurrió el pasado 25 de julio en Huertos del Pedregal, hay muchas presunciones en este caso, entre ellos, “el secuestro del Mayo y llevado a Estados Unidos”, el asesinato del maestro Héctor Melesio Cuén, presuntamente en el mismo lugar donde secuestraron al Mayo. De no tener arreglo este pleito, entonces los sinaloenses y los mexicanos seremos testigos de muchos asesinatos, entre ellos, y con daños colaterales para la sociedad.

Por otra parte, las fuerzas armadas, el Poder Judicial reformado, deberá asumir otra actitud más enérgica y definida contra la delincuencia organizada.

En los estados, las fiscalías estatales, deberán dejar de ser cómplices de la delincuencia que pone en riesgo la integridad de los mexicanos. Los fiscales si protegen a delincuentes deben ser encarcelados. Los tiempos deben cambiar.

Los nuevos jueces y magistrados, no deberán convertirse en los empleados de los grandes capos de la droga, como ocurre hasta el momento, que salen de las cárceles en el momento que lo desean.

La misma sociedad deberá asumir una postura enérgica contra el consumo de drogas, como el cuidar más la formación de sus hijos y evitar caer en los extremos de la drogadicción de los Estados Unidos, en donde el fentanilo está hasta en las recetas médicas, que convierte a las autoridades norteamericanas en cómplices del exterminio de la juventud.

En el caso del gobernador de Sinaloa, un mal gobernante, que perdió la credibilidad y la calidad moral para imponer orden.

Y dice el gobernador “todo está en orden”, pero el lenguaje no verbal que él envía dice otra cosa, cuando se traslada con una seguridad de 14 carros de policías y guaruras que lo cuidan. Y cómo pueden confiar los ciudadanos en sus recomendaciones, los ciudadanos tienen una gran intuición y sentido común, por eso no enviaron a sus hijos a las escuelas porque perciben un vacío de autoridad y un riesgo para sus hijos.

antonioquevedosusunaga@gmail.com

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