BRECHA
10-11-2025
Antonio Quevedo Susunaga
En esta guerra en Sinaloa, entre dos poderosas familias del narco, Los Mayos y Chapitos, que empieza a dejar al descubierto los signos evidentes del debilitamiento, como en toda guerra, nadie gana, todos pierden y los que más estamos perdiendo es la sociedad sinaloense al admitir una “cultura narca”.
Los responsables o culpables de esta cultura que echó raíces profundas en Sinaloa, son los gobernantes corruptos, sean gobernadores, alcaldes y presidentes de la república, desde hace más de 40 años, que se volvieron cómplices de estos criminales organizados.
La gran pérdida para la sociedad en Sinaloa se refleja en la muerte de cada joven que pierde la vida, sea del bando que sea, de los menores de edad que entraron por la puerta falsa de las drogas y que sus padres no cumplieron con su gran compromiso de educarlos, de orientarlos, de evitar que el “dragón de las drogas” se los tragara, en cada joven menor de edad que muere está la irresponsabilidad de padres, que no cumplieron con su tarea.
El asunto no es sólo de Sinaloa, también de los padres irresponsables de Michoacán, de Veracruz, Jalisco, Tamaulipas y de todos los estados en donde la “cultura narca” lamentable la dejaron instalar, por los gobernantes corruptos que no hicieron su tarea y que en cambio de esta “crisis narca”, ellos son principales responsables y culpables por corruptos, en Sinaloa y en Michoacán, muy poquitas autoridades están limpias.
Los mismos líderes de esta guerra, son jóvenes, que se dejaron llevar por el odio y la sed de venganza, que a su corta edad difícilmente podrán enderezar su camino de vida. Los padres de estos jóvenes, el Chapo y el Mayo, después de vivir este “reino de fantasía de colores y poder”, como toda tragedia griega, están destinados a los cuartos de los castigos en las cárceles más deshumanizadas, que nadie envidiaría estar ahí.
Esta guerra nos está enseñando que la “cultura del narcotráfico” afecta a la sociedad de múltiples maneras, el gran impacto y tragedias en la seguridad, en la salud pública, en la economía y la estabilidad política y sus graves consecuencias es en el aumento a inseguridad y la violencia, que al bajar de intensidad veremos un aumento considerable de la delincuencia.
Estos conflictos están muy asociados a una delincuencia de homicidios y secuestros, que seguramente será una de las consecuencias que vivirán los sinaloenses.
A esto se le tiene que seguir asociando el desplazamiento forzado, que ya empezaron a obligar a las personas abandonar sus hogares en las comunidades rurales y esos desplazados, mal auxiliados por los mediocres alcaldes y pésimos gobernadores.
Las familias tendrán que prepararse para atacar con mano firme la drogadicción en las escuelas, las adicciones que seguramente nos heredará esta guerra entre las dos poderosas familias.
El aspecto más triste es que no hay ninguna acción del gobierno estatal de Sinaloa, una acción en contra de las adiciones, en la lucha por evitar que esta “cultura narca”, siga absorbiendo a más jóvenes, tampoco hay un trabajo conjunto con los padres de familia, creo que es una política “muy alcahueta”.
En Sinaloa y en la gran mayoría de los estados en el país, urge terminar con esta “cultura del narco, de los buchones, del brillo aparente de carros y fiestas suntuosas”, que en el fondo hay un vacío de valores y principios, que ni los mismos narcos quieren esto para sus hijos.
El gobierno federal de la presidenta Claudia Sheinbaum, como del tiempo que le queda a Rubén Rocha en este sexenio, de hacer algo para evitar que los jóvenes sigan el camino de estas señales equivocadas y que el trabajo llegue a los padres de familia para que despierten y eviten la vida fácil y delincuencial de sus hijos.
antonioquevedosusunaga@gmail.com
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