BRECHANDO
04-07-2024
Antonio Quevedo Susunaga
Los dirigentes nacionales del PRI, Alito Moreno y Marko Cortés, del PAN, están siendo presionados por una militancia inconforme ante el decepcionante papel que hicieron en el proceso electoral del 2024 en donde perdieron todo el poder.
El dirigente del PAN, Marko Cortés ha tenido muy fuertes críticas, primero por la derrota en Yucatán y el no haber impedido que Morena ganará el Plan C y con ello, la mayoría calificada en la cámara de diputados y senadores.
Entre las críticas más fuertes han sido, del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, que criticó a Marko de haber asegurado una senaduría y permitido una derrota de Xóchitl Gálvez, de grandes magnitudes.
En el mismo sentido fueron las críticas del panista Diego Fernández de Cevallos, que en sus declaraciones dejó ver la impotencia de haber perdido con la ventaja que Claudia Sheinbaum ganó.
El otro aspecto que les ha generado una crisis de impotencia, es que con el Plan C, que es igual haber ganado la mayoría calificada en los órganos legislativos, no tienen manera de detener las reformas constitucionales que ha planteado el presidente Andrés Manuel López Obrador.
En esta primera parte del gobierno de Claudia Sheinbaum, obviamente se harán reformas profundas al Poder Judicial de la Federación y de los estados, lo que significa un gran avance en el proceso de la Cuarta Transformación que contempla el nuevo gobierno.
El triunfo arrollador de Claudia, originó crisis en el Poder Judicial, al grado de querer sacar a la presidenta de dicho organismo, en un intento fallido de los magistrados.
La realidad es que fue el PAN con sus diputados que logró bloquear al presidente López Obrador en su intento de reformar la Constitución y el Poder Judicial; sin embargo, ahora sin esos equilibrios políticos las reformas están en camino y la salida de jueces y magistrados puede convertirse en una realidad.
La otra etapa del PAN es que está caminando la renovación de su dirigencia nacional, la realidad es que Marko busca arrojar el cargo lo más rápido posible, debido a la gran inconformidad del panismo que se le ha echado encima por el fracaso electoral.
En varias ocasiones, desde Brecha, hicimos señalamientos que debido al alejamiento de los partidos del electorado mexicano, terminarían con pequeños partidos y sin el poder deseado.
En la práctica política, son los panistas los que tenían una mayor posibilidad de oposición a Morena; sin embargo, quedaron rebasados en una derrota que pasará mucho tiempo para lograr una recomposición.
Por su parte, el PRI está viviendo una crisis mayor, debido a que pasó a la cuarta fuerza política, con una escasa cantidad de diputados y senadores con los que no puede hacer nada, ni juntándose con los legisladores panistas.
A esta crisis, hay que agregar que Alito Moreno está maniobrando para lograr otra reelección, debido a que tiene el control de los priistas que pueden respaldarlo.
En el seno del priismo existe la cruda realidad de que este partido corre el mismo futuro del PRD, que terminó perdiendo el registro.
En los intentos de sobrevivir, Alito intenta cambiarle el nombre, los colores y aprovechar la membresía que aún le queda.
Es evidente que con la poca fuerza política con que terminó el proceso electoral el PRI, no tiene nada que hacer, sólo acercarse a Morena y tratar de conjuntar la fuerza y congraciarse con el electorado que le sobrevive.
En cuanto a la alianza con el PAN, los panistas y los priistas no están de acuerdo en continuar, debido a que los está llevando a la sepultura política.
La derrota no sólo los aniquiló, sino generó una gran inconformidad en el seno de ambos partidos, como también la necesidad de hacer una revisión para regresar con un electorado que despertó y está empujando la Cuarta Transformación del país y construir el Segundo Piso, como lo anunció Claudia Sheinbaum, la presidenta electa.
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