BRECHANDO
01-12-2023
Antonio Quevedo Susunaga
El panorama político nacional nos manda a los ciudadanos una mala señal, que debe alertarnos, en el sentido de que los partidos políticos dejaron de representar a la sociedad y las elites de poder, siguen pensando de la misma manera que las viejas representaciones políticas, en donde se saqueó al país por más de 30 años, era y es el objetivo.
Los partidos de oposición nos están proponiendo dos candidatos nacionales que debemos poner en la balanza política, una es Xóchitl Gálvez, que comparada con la priista, Beatriz Paredes, se queda muy pequeña.
El otro es un joven aspirante, gobernador de Nuevo León, Samuel García, que anda loquito por el poder, al grado de que no sabe valorar la prioridad de servirle a los ciudadanos de Nuevo León o entrar en una aventura para buscar la presidencia de la república en un sueño “inalcanzable”.
Desde niño escuchaba a mi abuelo recomendar, que nunca le pusieran el “cencerro” a los potrillos o “becerrillos” porque Iban a desperdigar la manada, esto es, lo que está ocurriendo con Samuel, porque no sabemos para “dónde va a correr”.
El otro aspirante a la presidencia de la república, que lo veíamos con cierta estabilidad en la secretaría de relaciones exteriores, pero entró en la competencia por la presidencia de la república, frente a una Claudia Sheinbaum y se volvió loquito, Marcelo Ebrard, que afortunadamente no llegará a la presidencia.
La señal es muy contundente, estos sujetos, no tienen ni siquiera la certidumbre de llegar al poder y “ya perdieron el piso”, andan haciendo locuras, peleando con todos y exigiendo cuotas de poder que no les pertenece.
El absurdo de Marcelo Ebrard, que siendo miembro de Morena, le está exigiendo a la dirigencia que le otorgue el equivalente a la segunda fuerza política, esto es, senadurías, diputaciones, alcaldías y más. Ebrard no alcanza a distinguir que el 26 por ciento que sacó en las encuestas es parte de una fuerza total que se llama Morena y que al Verde se le otorgan espacios porque es “un aliado” o una fuerza “externa” que une su fuerza a Morena. Esto no lo entiende un político como Ebrard.
El asunto es que los políticos dejaron de ser confiables, no tienen buenas intenciones y lo vemos en el caso de Rubén Rocha Moya, usó a la UAS, al PAS y luego lo maldice.
En el caso de Samuel García, que dejó con un permiso autorizado la gubernatura, y sin decir agua va, regresó a tomar el mando para dejar un “encargado de la gubernatura de todas sus confianzas” y la decisión del Congreso del Estado, se la paso por el “arco del triunfo”. Que de acuerdo a la Ley, es el Congreso quién debe decidir quién queda de gobernador interino, nos guste o no.
De llegar Xóchitl, Marcelo Ebrard o Samuel García, qué nos espera a los mexicanos, posiblemente un gobierno muy parecido al del maestro Rubén Rocha Moya, que a pesar de los años que tiene, también perdió el juicio y usa al poder judicial, a los jueces y a la fiscalía, como si fueran un “mata mosca”, esto es lo peor que le puede ocurrir una sociedad que sueña con la “transformación”. Y si desean un ejemplo, analicen el proceder del juez, en contra del doctor Jesús Madueña y Robespierre Lizarraga. Es un claro ejemplo y de estos no se da cuenta Rocha. Y no se dará cuenta, se lo impedirá su mal juicio.
En México son indispensables los equilibrios, pero vemos que la oposición, está buscando capitalizar lo que le queda, esto es, los cargos de senadores, diputaciones federales, locales y alcaldías y el que ganó, ganó.
Alito Moreno, dirigente nacional, no está pensando organizar a los priistas que andan algaretes, sino repartiendo los cargos que representan dinero y poder. Al igual que Marko Cortés, del PAN. ¿Cuál oposición?
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