Del “Guachicol” a la Guardia Nacional

No cabe duda que el Presidente Andrés Manuel López Obrador no deja de sorprender a propios y extraños. Si pensábamos que iba a bajar el ritmo, que iba a dejar de imponer la agenda y que se iba a dedicar a gobernar tranquilamente o con cierto cuidado, nos ha demostrado que estábamos más que equivocados.

Debo reconocer que estamos ante un tipo de político al que no estamos acostumbrados, independientemente si nos guste o no nos guste su manera de gobernar y sus propuestas. Un político que muchos “expertos” aún no acaban de entender y cuyos actos pretenden analizar bajo premisas y esquemas que probadamente han mostrado que no le aplican. Creo que ya es tiempo de mirar con “nuevos y frescos ojos” el acontecer político nacional, y dejar de lado las ideas preconcebidas y los análisis tradicionales, para tratar de entender esta “forma personal de gobernar” y las motivaciones que la generan. Estamos ante un político tradicional “no tradicional” que escapa a los análisis de siempre.

Es así que, ante las especulaciones y el asombro de los “conocedores”, nos ha llevado de un tema a otro en muy corto tiempo, y lo que hoy parece un asunto que permanecerá en la discusión y el debate público por mucho tiempo, mañana, probablemente, muy pocos se acordarán de él, porque habrá un nuevo tema, impuesto desde el ejecutivo federal, que atraerá la atención de la mayoría.

A pesar de lo polémico de muchas de sus decisiones y de los altos costos que han significado muchas de ellas (tanto políticos, como económicos) hasta ahora todo indica que ha salido muy bien librado y sólo el tiempo nos dirá si se hizo lo correcto o se falló.

La cancelación del aeropuerto de la Ciudad de México y su supuesto impacto económico ya parece algo lejano y la exitosa colocación de 2 mil millones de dólares de bonos de deuda el día de ayer en los mercados internacionales, parece mostrar la confianza que se tiene en el nuevo gobierno mexicano. La tan impugnada Ley de Remuneraciones, en donde aún no hay una sentencia definitiva, ya no parece formar parte de las pláticas cotidianas de café y se quedó en la anécdota como preocupación de sectores específicos. Lo mismo ha sucedido con lamentable caída del helicóptero en donde perdieron la vida la gobernadora de Puebla, su esposo y tres acompañantes, así como los debates por el presupuesto, entre otros temas.

Lo que mantiene motivada a la población es que se ve un gobierno (más bien un Presidente, porque el resto son acompañantes) activo y actuante que está, al menos en este inicio, cumpliendo las expectativas de una gran mayoría de la población, que ha estado dispuesta como nunca antes lo hizo, a dar su apoyo y confiar en que se está actuando correctamente.

Yo me pregunto y les pregunto sinceramente ¿si el desabasto (o como dicen los problemas de distribución) de gasolina se hubieran dado en cualquier otro gobierno con un poco menos de legitimidad, se habría mostrado la misma paciencia social y de los gobernantes que hemos visto? Yo honestamente considero que no.

El tema vigente hasta hoy es el combate al robo de combustible, como estandarte del combate a la corrupción; la falta de gasolina en muchas ciudades es sólo un costo temporal que tenemos que pagar los ciudadanos para alcanzar un bien mayor. El discurso oficial prevalece sobre cualquier especulación que se pueda hacer sobre el tema.

Se nos ha dicho que el robo de gasolinas alcanzaba un monto anual de más de 60 mil millones de pesos, se nos ha dicho que hay suficiente gasolina en el país; se nos ha dicho que en este delito están implicados desde funcionarios de PEMEX, empleados del sindicato, políticos de alto nivel y la delincuencia organizada; se nos ha dicho que prácticamente todos los días los ductos que transportan el combustible han sido “saboteados”; se nos ha dicho que se han abierto más de mil 500 carpetas de investigación y que se ha pedido la congelación de cuentas que podrían estar involucradas en este ilícito.

Se nos han dicho muchas y muchas cosas en las conferencias mañaneras, pero lo que no se nos ha dicho es información precisa del tiempo que esto tomará, cuál es el verdadero nivel de afectación, cuál es la estrategia de corto, mediano y largo plazos y si se ha detenido a grupos u organizaciones vinculadas a esta actividad. Pero esto parece no importarle a la mayoría, lo que importa es que se combata la corrupción y el robo de combustible, todo lo demás parece ser accesorio.

Los gobernadores de los estados más afectados mucho “vociferaron” pero ayer de la reunión con la secretaria de Gobernación y con los responsables del sector, salieron muy convencidos, manifestando su apoyo decidido a esta lucha contra la corrupción y el delito, y sólo expresaron someramente su demanda de que les llegue combustible. Quién sabe que habrán escuchado en esa reunión que los demás desconocemos, o será que el anuncio del SAT de que facilitará la importación de gasolinas les dio tranquilidad.

Puede ser que la lucha contra el “guachicol” pueda ser el primer gran éxito del Presidente López Obrador si alcanza sus objetivos, pero también puede ser que se convierta en su “Waterloo”, si se alarga demasiado, se desgasta a los funcionarios y a las instituciones y no se logra el objetivo esperado. Sólo el tiempo nos podrá responder.

No dejo de pensar maliciosamente, que lo que muchos analistas llaman un error en la estrategia o falta de estrategia, sea realmente la estrategia de este gobierno; que mejor manera de justificar la construcción de refinerías, para no depender tanto de las importaciones de gasolina, que mostrar el caos que puede generar su carencia y lo vulnerable que somos al importar más del 80 por ciento de nuestro consumo nacional. Parece que el argumento, que hemos venido oyendo por más de 20 años, de que es absurdo construir refinerías porque se está migrando hacia otras formas de energía y no sería rentable en el corto plazo, está perdiendo validez al menos en la percepción pública.

Lo cierto es que el Presidente está haciendo lo que ha pretendido hacer y tiene el control de los hilos de la madeja. El día de ayer fue un gran día para su gobierno y se lograron muchos de sus propósitos, aunque no se haya logrado el consenso para aprobar la minuta para incluir en la Constitución al robo de combustible como delito grave sujeto a prisión preventiva oficiosa. Pero eso considero no resulta tan relevante, porque bajo las leyes actuales depende mucho de la actuación del ministerio público para pedir al juez decrete la prisión preventiva aunque el delito no sea grave. Pero ya hablaremos de eso en otra ocasión.

Y fue un éxito el día de ayer para el gobierno, porque se logró en la sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados aprobar el dictamen de reformas constitucionales para conformar la Guardia Nacional, con el apoyo de los diputados del PRI.

Yo sigo sosteniendo que la militarización de la seguridad pública, representa graves riesgos para el país y que sólo se está usando un concepto viejo de “guardia nacional”, otorgándole un contenido que nada tiene que ver con su origen histórico y significado tanto internacionalmente, como en nuestro país. La Guardia Nacional es una institución total y eminentemente civil, su tarea es la seguridad interior y no la seguridad pública. Así fue la guardia nacional que se integró durante la intervención francesa en nuestro país y cuando el gobierno de Juárez quedó establecido se convirtió en ejército regular.

Coincido que no hay mucho de donde asirse para combatir la creciente inseguridad que se vive en nuestro país, pero crear un órgano que prácticamente concentrará la seguridad pública, la interior y la nacional, resulta muy riesgoso. Quizá ante este escenario (que seguramente se dará) sería pertinente retomar una propuesta que he manifestado desde hace muchos años, que es que los titulares de la Secretarías de la Defensa y de Marina sean civiles, como es en la mayoría de los países del mundo, con excepción de México y Guatemala en América Latina.

También resultaría adecuado darle mayores atribuciones al Congreso para supervisar y vigilar la operación de las fuerzas armadas, con comparecencias en el pleno de los titulares de estas dependencias que, en última instancia son dependencias de Ejecutivo Federal.

Realmente espero, por el bien de todos los mexicanos, que las cosas resulten al menos como las espera el actual gobierno, aunque no entiende o comparta todas sus decisiones. Pero quiero decir que siempre mantendré una crítica seria y respetuosa que considero que es fundamental en las democracias. Insisto en que tenemos que cambiar la manera de ver y analizar a este Presidente y este gobierno, sino no queremos quedarnos en meras especulaciones sin fundamento.

¡Muchas gracias y sean felices!

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