“Y Si No Termino Mandato ¿Qué Pasa?”

Sucede en las diferentes democracias, aunque entre el Suchiate y Bravo hay caudillo y no es lo mismo

Normal es que de mediados del siglo pasado a la fecha nuestra referencia sean nuestros principales socios comerciales, es decir, Canadá y Estados Unidos de América, países en los cuáles hace muchos años no hay caudillos y sin embargo han respetado y negociado con presidentes de los Estados Unidos Mexicanos con mayor/menor énfasis impregnados de caudillaje y simbolismos.

Estaba desempeñando el encargo de Senador de la República y recibimos la visita del Primer Ministro de Canadá en el recinto parlamentario y, para mi sorpresa, mis compañeros trataban al señor Justin Trudeau como “estrella de rock” o el “rey” saludando a sus adoradores súbditos; nada les importaba que ese país fuese una monarquía parlamentaria en la que por encima del Primer Ministro está la Gobernadora General y arriba de la misma, en la cima jerárquica, la Reina de Inglaterra. En ese país se logran votos de censura al Primer Ministro y se tiene que convocar a elecciones y todo trascurre en paz y civilidad y, dándose golpes de demócratas, algunos compañeros senadores mexicanos no sabían (y creo siguen sin saber) que en ese país los senadores son designados/elegidos por el Primer Ministro y nombrados por el Gobernador General pudiéndose desempeñar ininterrumpidamente hasta los 75 años. Democracia muy similar a la mexicana ¿No cree Usted? Y bueno, yo no salía de mi asombro pues las compañeras senadoras sólo suspiraban por una fotografía con aquella estrella de rock o de cine. La democracia y el voto individual y secreto ¡Pamplinas!

El Jefe de Estado de Canadá es la Reina Isabel II y ella y su representante, que es el Gobernador General, ni como reina o representante de la corona, son adorados como los presidentes de México que cada seis años se les aparece al pueblo que espera al mesías o salvador, aunque sea de fortunas de pequeños grupos y, si, en Canadá pueden cambiar de primer ministro si revueltas sociales y sin los uniformes castrenses empuñando el fusil.

En los Estados Unidos de América, ya lo hemos visto varias veces, la ausencia de un presidente se suple de inmediato con el vicepresidente que asume el encargo a falta de aquél, por las razones que sean, de manera inmediata, mediando que rinda protesta de manera expedita y, por si no lo sabían, en esa democracia, la designación de presidente es a través de delegados que conforman un colegio electoral (538 integrantes) y no del voto individual y secreto pero sí de un número mínimo de delegados (270). También, en esa democracia, el vicepresidente es el presidente del Senado y su voto cuenta cuando hay votaciones empatadas. Así de fácil y tampoco existe o ha existido la necesidad de las fuerzas armadas para renovar la presidencia en caso de ausencia del presidente, sea por renuncia o fallecimiento y es un proceso muy ágil y entendido por los gobernados pues al presidente no se le ve como caudillo o deidad. Sin embargo, recordemos que cuando las campañas de Estados Unidos, muchos senadores (hombres y mujeres) mexicanos, en el pleno del Senado, se ponían camisetas alusivas a Hillary (la que aceptó la mayor bajeza de su marido en su casa con una becaria sólo por la enfermedad del poder) y rompían piñatas con la figura de Trump. La pregunta sería y se las hice: Se dicen “juarenses” pastores del ideario de Benito Juárez y lo primero que tiran a la basura es el respeto al derecho ajeno: ¿Qué harán cuando se rían así, se mofen así, los estadounidenses, de un presidente de México? Las respuestas eran peores que la intromisión en algo ajeno y los insultos bromistas no pasaban de un “nos la …”.

Y bien, el presidente de México ha reconocido, y él calificado, que recibió un “narco estado”. Eso para los vecinos del norte es una muy grave confesión ya que va más allá de terrorismo doméstico y es una gran amenaza para su vecindad y vida pacífica interior y preferirían un estado fallido, pero no, tienen de vecino, dicho por el representante del poder ejecutivo, un narco estado, mismo que se valida con el “Culiacanazo” y eventos relacionados sucedidos en días posteriores a ese trágico 17 de octubre de 2019, incluyendo los videos de festejo de los afines al liberado y mensajes de amenaza de videos comprometedores difundidos la misma noche en que una captura para efectos de extradición fue una burla de las autoridades mexicanas a las norteamericanas.

Pero los mexicanos, y eso lo tienen en su agenda de riesgo los norteamericanos, son salvajes y rupestres y no permitirán se les toque a su mesías razón por la que una intervención no se ve como respuesta a los temores de Estados Unidos, pero si una renuncia por enfermedad como la del primer ministro japonés (que si es verdadera) y mejor hasta ahí pensamos.

Nuestro marco legal es barroco y complicado y nos establece que si la ausencia definitiva es antes de cumplirse los dos primeros años de gobierno se deberá convocar a elecciones lo cual no es fácil y conlleva todo tipo de riesgos por los ánimos caldeados, debiendo el Congreso nombrar un presidente interino y convocar a elecciones y no se ha validado nuestra democracia a ese grado para que se dé sin levantamientos y sin la necesidad de intervención por parte de las fuerzas armadas; por otra parte, pasados los dos primeros años se supone un camino más fácil si bien también muy complejo y no ajeno de un sinfín de riesgos, asumiendo el encargo el Secretario de Gobernación por un lapso de tiempo no mayor de 60 días, tiempo en que el Congreso nombrará al interino o substituto y, este otro escenario, igual no estaría ausente de la intervención de las fuerzas armadas.

Se vuelve necesario leer, releer y analizar detenidamente los artículos 84, 85 y 86 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y ese “timing”, acompañado de estudios demoscópicos, antropológicos y demás valoraciones que, por razones de seguridad nacional, todos los días se actualiza en la unión americana, con embajador que compra cachitos de lotería de un avión que no se rifa o con perfiles como el de Jeffrey Davidow.

Sin embargo, nada nos aleja de aquello que cuenta la historia con muchos matices de gris cuando el embajador de los Estados Unidos de América en los Estados Unidos Mexicanos era Henry Lane Wilson quien, señala la historia y testimonios de la época, apoyó a los militares golpistas en el derrocamiento y asesinato del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez.

El reloj marcará la pauta una vez que se sucedan las elecciones de Estados Unidos de América este próximo noviembre y que, en diciembre, habrán trascurrido dos años de la administración de Andrés Manuel López Obrador.

¡Muchas gracias y sean felices!

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