La Virgen no pudo ¿Podrán los Reyes Magos?

Manuel Cárdenas Fonseca
Senador

Ante el terrible panorama que se presenta para México en el inicio de este nuevo año 2017, ya no sabemos a qué santo encomendarnos o qué pedirles a los reyes magos para salir del atolladero y para que los responsables de la política económica y social del país superen sus incapacidades, sus torpezas, vanidades e insuficiencias y tomen las decisiones que se necesitan para para hacer un adecuado control de daños y atemperar los efectos negativos del entorno nacional e internacional que enfrentamos.

Es para asustarse y parece que no hay para donde hacerse, viviremos entre los exorbitantes aumentos de los precios de combustibles y servicios, el inicio de nueva administración en Estados Unidos y sus efectos; el crecimiento de la deuda pública y el poco crecimiento económico esperado; la partida del Presidente del Banco de México a finales de junio, si bien descansaremos de estados metereológicos y gripes de diverso calibre; el enrarecimiento político por las elecciones para gobernadores en Nayarit, Coahuila, el Estado de México; la urgencia de poner en marcha el sistema nacional anticorrupción con todos los nombramientos que esto implica a mediados de año; la precipitación con la que el Congreso de la Unión está actuando para aprobar leyes inconsistentes como la de marihuana, mando mixto policial y ley de seguridad interior con una plena falta de carácter y de responsabilidad para hacerlo bien y en todo caso cambiando el marco constitucional: y el inicio de lleno de la contiendo electoral para 2018 en el último trimestre del año.

Esta película de terror se debe a la equivocada idea de Estado que se observa en los tomadores de decisiones en los que no veo compromiso con la sociedad, sean personas de la política o de la empresa. Desde su altura no ven ni el bosque ni el suelo firme donde moran los mortales. Su Olimpo está muy alto.

Tan sólo como ejemplo de este año de problemas, que algunos dicen de oportunidades que yo aún no veo; en este nuevo año nos despertamos con la clara idea de esos políticos convencidos de militarizar el país por las cañerías, con incrementos a una gran cantidad de productos y servicios que incluyen los combustibles, el gas LP, la energía eléctrica, el costo de los pasaportes, de las verificaciones vehiculares y de las multas vehiculares en la ciudad de México, así como el de otros muchos trámites y servicios prestados por los gobiernos de los tres órdenes de gobierno. Claro, no olvidemos la burla de un aumento “histórico” al salario mínimo de 9.5%, que en 2017 rebasará los 80 pesos. Pero todo indica que esto no será en nada suficiente para mantener el bienestar de los mexicanos.

Entiendo el quitar el subsidio distorsionado a las gasolinas que sólo beneficiaba a los más pudientes, pero hacerlo de la manera en que se está ejecutando hace que sea más doloroso que una operación a corazón abierto sin anestesia (parafraseando al irónico señor Carstens). Incrementos aritméticos y luego exponenciales a partir del 20% en bienes y servicios, es una mentada de madre a una población ubicada en pobreza y clase media baja en su gran mayoría ¡Maldita inflación generada por el uno por ciento de los mexicanos con todos los dólares del mundo! Pareciera su consigna la siguiente: Que se jodan en su calidad de vida el 99% de los mexicanos y que el 1% siga explotando la renta y la riqueza nacional sin piedad alguna.

La liberalización del precio de los combustibles se da ante al menos tres condiciones totalmente adversas: la depreciación del peso frente al dólar que en el último año superó más del 20%; el aumento internacional de los precios del petróleo después de su acelerada caída, y la disminución de la producción de 6 refinerías que hay en México que operan al 60% de su capacidad por problemas “operativos”. En 2016 se tuvo la producción más baja de combustible de los últimos 23 años, eso explica que junto al aumento de precios exista un desabasto en muchos lugares del país, a pesar del incremento en las importaciones ya que no existe capacidad para transportarla. México es el segundo importador de gasolina a nivel mundial a pesar de ser uno de los grandes productores y exportadores de petróleo.

A esto debemos sumar que los combustibles en México están sujetos al pago no solamente del IVA sino también del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) tanto federal, como estatal y ambiental. De lo que pagamos por combustible en México, en promedio, prácticamente el 40% son impuestos. Gracias al alza de los combustibles se estima que Hacienda recibirá 73 mil millones de pesos más este año (40% más que en 2016) por concepto del IEPS.

Ya se ha comenzado a decir que los precios promedio de los combustibles en México están por debajo de la media mundial (0.98 dólares por litro), pero lo que no se ha dicho es que la mayoría de los países productores de petróleo tienen precios muy por debajo de los nuestros; lo que no se ha dicho es que la gasolina en México será más de 20% más cara que en nuestro principal socio comercial y vecino: los Estados Unidos; lo que no se ha dicho es que aunque la gasolina sea más barata en México que en los países escandinavos, la relación entre el salario y el precio es más desfavorable para el consumidor mexicano; allá la gasolina es dos veces más cara, pero los salarios son 10 veces superiores.

Pero lo que más me sorprende, valga decirlo, es la “sorpresa” y la indignación que han mostrado varias agrupaciones políticas del país por este aumento de combustibles, como si no supieran lo que iba a pasar, como si no hubieran sido parte y promotores de la reforma energética e impulsores, desde sus agrupaciones y desde el congreso, de adelantar la liberalización de los precios de los combustibles, que originalmente estaba programada para 2018. Hoy nadie quiere ser responsable de los platos rotos, ni de la paternidad de la criatura, deforme por cierto, pero la realidad es que la mayoría de ellos participaron activamente en su instrumentación.

El problema no está en la liberalización de los precios de los combustibles, personalmente considero que tarde o temprano debe hacerse y que va a contribuir a la competencia económica y a la disminución de precios a favor de los consumidores; el problema está en cómo y cuándo hacerlo y en el claro error de no haber implementado previsiones para controlar sus efectos negativos en el corto plazo; y de eso no hemos sabido hasta ahora nada.

Lo cierto es, que todo parece indicar que la liberación de los precios del combustible tendrá que ser acotada y que la autoridad se verá obligada a establecer permanentemente topes a los precios y no solamente hasta febrero como se ha planteado, porque los efectos sobre la inflación pueden ser devastadores.

Además, debemos sumar a todo esto la presión que ejercerán sobre la inflación la liberalización del gas LP que se expresará seguramente en aumento de precios para el consumidor y no en disminución; así como los incrementos a las tarifas eléctricas en el sector industrial entre 3.2 y 4.5%, en el comercial entre 2.6 y 3.4% y para uso doméstico de alto consumo 2.4%.

Debo terminar mi carta a los reyes magos y pedirles que traigan a los magos de las Vegas porque con las mexicanadas no salimos de ésta salvo todos trasquilados, mutilados y muy enfermos en nuestra convivencia. No sé si puedan atenderme pues deben estar aterrorizados con la ilegal CONAGO y los otros poderes fácticos promovidos desde lo más alto del poder; temblando con la militarización del país, el sistema carcelario delincuencial y un mando mixto policiaco atrofiado de origen.

Insisto en lo comentado desde hace tres meses: lo bueno de esto es que se va a poner peor y la sociedad desarticulada y los grupos empresariales desde sus “cúpulas” sólo presentan dos ingredientes para poner los pelos de punta y nos hacen prever la necesidad de que el Dios en el que cada quien crea (respetuoso de cada fe religiosa) los agarre confesados.

¡Muchas gracias y sean felices!

cardenasfonseca@hotmail.com

manuelcardenasfonseca.mx

@m_cardenasf

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